domingo, 21 de abril de 2013

The Poet's fire





 Nos hemos reunido hoy, hermanos y hermanas, no para celebrar un culto religioso que adore una novela escrita por varias personas hace un par de miles de años… Tampoco estamos aquí, congregados en este santuario de las series que hoy están en boga, para ponernos al tanto de nuevo en The Following esta semana. Oh, aguarden, sí… Para eso estamos aquí. 

Bien chicos, chicas, monstruos, aliens, fanáticos y pobres almas que han caído en este blog: Hoy como todos los domingos me dedicaré a hablar de esta serie que ya está rodando su segunda temporada tras ser un éxito en la parte norte del continente y continuaré en la línea con el tercer capítulo, el primero que tiene un nombre definido Al fin, soy pésima poniendo títulos. 

The poet’s fire. 

Cuando Edgard Allan Poe acaba su intervención de The Raven en plena avenida principal, el público aplaude por el espectáculo, sin pensar en lo que ocurrirá a solo unos metros de ellos…
Stan Fellows, un crítico literario, es alcanzado en silencio por el histórico personaje romántico y, sin decir una palabra, el hombre de la máscara lo empapa en bencina y le prende fuego en la vía pública, para luego marcharse como si de cualquier otro ciudadano se tratase. 


Así comienza este episodio titulado The Poet’s Fire, donde la trama de Joe Carroll para su novela comienza a tomar una forma todavía muy poco definida, pero bastante más clara para los espectadores. 

Tras los asesinatos del peón de Carroll, Jordy, la rueda vuelve a funcionar con este –hasta ahora- anónimo personaje en la máscara de Edgard Allan Poe y es lo primero con lo que se encuentra Hardy al comenzar la mañana de regreso en las oficinas de FBI. Tras revelarse que la última víctima había criticado destructivamente la novela de Joe, el equipo se pone en marcha para contactar con todos quienes alguna vez criticaron la obra del asesino. 

Mientras tanto, en el lugar donde mantienen secuestrado a Joey, los muchachos se enteran de la noticia del nuevo ataque. Mediante un flashback, hacen recuerdos sobre las reuniones de este culto y muestran a un nuevo personaje, Rick, quien paralelamente es identificado por el FBI y parten a buscarlo a su domicilio, donde solo se encuentran con su esposa lacrimosa, muy asustada por las molestias que le ha causado su supuesto ex marido, quien además vuelve a asesinar. Esta vez su víctima es el decano de letras de la universidad en la que Joe solía trabajar. 


N.A: Me parece tan divertida esta parte… Sobre todo porque Rick dice “Jamás había asesinado a alguien con un cuchillo” y luego sonríe y observa atentamente como el sujeto muere. Oh, es que acaso solo a mí me resulta atractivo eso?! 

De regreso al recurso del flashback, la relación entre Hardy y Carroll queda un poco más a la luz. Mientras el agente investigaba todo el asunto de las muertes, acude a Joe en búsqueda de orientación, sin saber que a quien le estrechaba la mano en el año 2003 sería el mismo sujeto que en la actualidad era parte de sus pesadillas, culpas y remordimientos.


Lo interesante de la serie en sí, es que en todos los capítulos se busca quebrar la imagen de Hardy. Joe Carroll intenta tomar poder sobre la vida del agente pero no mediante acciones directas, por el contrario, el sujeto no quiere que haga lo que se le ordena ni mucho menos… Por el contrario lo que busca es desarmarlo psicológicamente hasta saber que gracias a ello Ryan se volverá un tipo frágil, casi desvalido y que sucumbirá ante sus destructoras palabras. Carroll quiere manipularlo, pero no como manipula a sus seguidores. No quiere hacerlo protagonista, quiere volverlo contra sí mismo y que acabe odiándose por la cantidad de errores que ha cometido en su vida… Incluso por la pérdida de Claire. 

De vuelta al capítulo, un giro inesperado (sí, muy inesperado) acaba con un caído del bando de los buenos. En obediencia al típico racismo norteamericano, los negros caen primero. A su vez se descubre que la pobre esposa de Rick, el seguidor de Carroll que protagoniza este capítulo, es también cómplice y consigue escapar de las manos del FBI. 

La presión psicológica también actúa en este episodio no solo para los personajes más participativos, sino que también para Jordy. Desde que en un comienzo Ryan conversa con él y le dice que su mentor está desilusionado porque no murió en su misión, la presión lo carcome y ya cuando está por acabar el capítulo, aparece gritando que lo siente y se suicida en el hospital, tragándose su propio vendaje. Una muerte a mi gusto bastante original dentro de lo que va de la serie, que ya nos acostumbra a sangre, fuego, cuchillos, disparos y un montón de mujeres sin ojos en honor a Poe. 
 
Para variar el abuso de los flashbacks en este episodio dejan más en claro cuál es la relación entre los dos personajes principales y deja entrever en parte lo usado y estúpido que se sintió Hardy cuando se enteró de que el simpático catedrático se reía de él en su propia nariz. Para finalizar, Claire cita a Ryan a su casa, para mostrarle el e-mail que había recibido: Emma, Paul, Jacob le plantean al pequeño Joey que, mediante la muerte, la vida tiene un poco más de sentido… Primero haciéndole matar un insecto bajo el calor de una lupa y luego, haciendo que encierre una pequeña rata en un frasco, donde morirá asfixiada. ¿Espeluznante? No… Lo espeluznante viene cuando Hardy escucha su nombre en el video… Y, mientras Joey comete su primer asesinato con el pobre animal, le manda un tierno saludo. 

Es así, con esta clase de juegos con las que Ryan se va desarmando poco a poco. Sabe cuál es el juego en el que Joe quiere encerrarlo y por más que lo evite, sabe que el asesino ganará la partida. Es imposible que no lo hiciera, porque incluso aunque Hardy no quiera revelarlo, es un humano, con sentimientos… y se están metiendo con lo más importante que ha tenido en su vida.

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