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miércoles, 22 de mayo de 2013

Influencia

Moffat y Gatiss saben cómo hacer televisión. Y si necesitan mostrar una idea con referencias de otros
programas, por supuesto que tomarán la oportunidad.
Comenzando con ladridos y persecuciones de un niño perdido, vemos a Russell Tovey aparecer y creo que es George, de Being Human, esperando a convertirse en lobo.

La imagen no tiene nada de casual, por que como dije, estos tipos saben hacer televisión. Y tal como el hombre lobo de aquella serie con seres sobrenaturales, en The Hounds Of Baskerville vemos como incluso Sherlock se confunde entre la realidad y la magia, cuando luego de recorrer Londres en metro con el cuerpo ensangrentado por descuartizar a un cerdo, le vemos inmerso en un caso con ataques de ansiedad que le distraen de su estricto régimen que le prohíbe fumar.

Pobre John.

“The Hounds Of Baskerville.”

Henry Knight es un hombre con traumas. El sólo hecho de verse en un documental hablando de sus
problemas, le provoca más angustia a sus momentos de calma. Aquel documental de televisión trae dudas a Baskerville y su base de la armada, donde podrían crear mutaciones extraordinarias, pero que nadie se atreve a investigar.

A primera vista, Sherlock no cree en el trauma de Henry. Un sabueso gigante destrozando a su padre no es un caso para Holmes, si no para la psiquiatra de Henry, y el humo de su cigarrillo le importa mucho más que sus problemas.
Sin embargo, Sherlock accede a tomar el caso, y junto a Watson se aventuran a un viaje hacia Dartmoor, protegido por el Parque Nacional al sur de Inglaterra, en un carro arrendado, extrañamente manejado por Holmes.

En la belleza de Dartmoor y guiándose por un mapa, deciden observar el paisaje que muestra una variedad de sectores que podrían ser útiles para la investigación.
Baskerville, como era de esperarse, se encuentra rodeado de letreros para mantener a la población civil fuera de su sector.

Henry, por su parte, se encuentra en su hogar en una sesión de terapia con su psiquiatra. Él le informa que lo único que ha cambiado de sus recuerdos de niñez y la traumática experiencia de ver a su padre ser mutilado por el canino gigante es haber recordado dos palabras “Liberty In.”

La pareja que maneja el hostal donde nuestros queridos investigadores se alojan le explican a John que el
documental de Henry les ha traído variados beneficios a su pueblo. El pequeño hotel siempre está lleno, su comedor sirve todo el día, y los turistas vienen y van en pequeños grupos que son guiados por un chico que aterroriza con sus historias del monstruo del valle.
Luego de que John trate de asegurar que Sherlock no es su esposo dos veces en menos de cinco minutos, Sherlock arma un plan para que el chico de los tours terroríficos les explique que uno de sus amigos vio a la criatura, y que en los laboratorios de Baskerville cubren una seguidilla de experimentos de mutaciones que tratan de mantener en secreto.

Gracias a Mycroft y el rango de Watson en la armada, él y Sherlock logran entrar a la base de Baskerville y
revisar sus laboratorios.
Sherlock mata su curiosidad con un caso que llegó a su correo, escrito por una pequeña niña, quien explicaba la desaparición de su conejo fluorescente. En los laboratorios encuentra a la Doctora Stapleton, madre de la niña, especializada en experimentos de manipulación de genes, y su curiosidad respecto al caso le afirma que todo está unido.
Veinte minutos dura su paso seguro, y luego se meten en problemas con el general a cargo del sector.
El Doctor Frankland aparece para salvarlos, debido a su admiración por los hermanos Holmes, el blog de Watson y la preocupación que siente por Henry, a quien conoce desde su niñez.

Sherlock, John y Henry van al valle donde ocurrió el supuesto asesinato. John se queda atrás y observa una luz intermitente que proviene de un cerro, y lo que él piensa es una señal de código morse, la cual anota en su libreta.
Henry comenta a Sherlock sobre la amistad de su padre con el Doctor Frankland.
Sherlock y Henry bajan al valle y ven la extraña e indescriptible criatura que los trajo a investigar el lugar.

Henry entra en schock, Sherlock lo niega. John acompaña a Henry a su casa tratando de que se tranquilice.

Al volver al pub del hostal, John se percata de que Sherlock se muestra diferente. Sherlock le confiesa que también vio a la criatura y claramente se encuentra en un estado de pánico.
John trata de mantenerlo con los pies en la tierra, pero Sherlock parece ahogado tratando de acordarse de alguna idea que pueda descartar lo que acaba de ver: “Cuando pruebas toda solución lógica, y quedas con lo que sobra, aunque suene improbable, puede ser cierto.” La pesadilla de un científico ordinario es puesta en duda por el famoso Sherlock Holmes, y entendemos que está totalmente atemorizado después de vivir aquella experiencia.

John se incomoda con su ansioso comportamiento, y Sherlock le grita que se encuentra bien, pero para asegurarse de que John entienda, Sherlock hace una de sus extraordinarias deducciones de una pareja que cena en una de las mesas del lugar.
Fastidiados ambos, caen en una discusión en donde Sherlock niega cualquier amistad con cualquier ser humano y John se ofende antes de alejarse del hostal.

Fuera, John vuelve a ver lo que parece ser el código Morse al otro lado del cerro y camina hasta encontrar nada más que las luces de un auto que prenden por la actividad sexual de una pareja en un mirador.
John recibe un mensaje de texto de Sherlock alentándolo a entrevistar o coquetear con la psiquiatra de Henry para sacarle información sobre su paciente.

Henry, en su hogar es perseguido por actividades extrañas. Las luces de su patio se encienden y apagan, y ruidos e imágenes de una criatura le asechan. Henry recurre a un arma de fuego en su estado aterrado.

John trata de hablar del padre de Henry con la psiquiatra, pero la inesperada visita del Doctor Frankland arruina sus planes y ella abandona la cita.

A la mañana siguiente, y con las ideas mas claras, Sherlock visita a Henry y le cuestiona el uso de sus
También le afirma que, claro, no tiene amigos, sólo tiene uno. Y pronto el momento tenso se esfuma para continuar con la investigación.
palabras al referirse a la criatura. Luego se dirigie donde se encuentra John y trata de disculparse por negar su amistad. Le explica que la reacción de la noche anterior se debía a que su experiencia en el valle le provocó dudas que nunca antes había sentido.

En el pub de vuelta al hostal, los amigos encuentran a Greg Lestrade, quien es cuestionado sobre ser
enviado por Mycroft. Lestrade interroga a la pareja que maneja el lugar, mientras Sherlock se empecina en que John beba el café que acaba de prepararle, y se muestra triste ante cualquier rechazo, por lo cual John termina bebiéndolo aunque no le guste el azúcar.

La pareja le explica a Lestrade que si, sus ganancias han subido desde que se les ocurrió aprovechar la visita de los turistas al pueblo con la leyenda del sabueso gigante. Ambos llevaron un perro a vivir al valle, pero desde hace un tiempo tuvieron que dormirlo. Se muestran arrepentidos de su acción y Sherlock feliz.

Lestrade y John hablan de Sherlock y su extraña alegría por la confesión, y el hecho de ver a Lestrade trabajando con él, para juntar a las pocas personas que le rodean a diario. Ambos suponen que su comportamiento usual se debe al síndrome Asperger. Sherlock escucha esas últimas palabras y le otorgan a John un par de desconfiadas miradas de parte del brillante consultor.

Sherlock se comunica con Mycroft para conseguir un mejor acceso a las bases de Baskerville, donde planea investigar los laboratorios. El general no puede negarse a permitir que el par se dedique a investigar, pues las órdenes vienen de arriba.

John recorre las profundidades de los laboratorios donde no hay más que máquinas y algunos animales.
Unas alarmas hacen que se sienta confundido y con su tarjeta de acceso trata de abandonar aquel piso. Pero unos ruidos llaman su atención luego de que la alarma y las luces se apagaran.
No tarda mucho en comenzar a sentir miedo de no encontrarse solo. Cada paso que avanza, un extraño ruido le sigue. Pasos de alguna criatura no humana parecen tratar de encontrarlo, y decide tratar de salvarse en una de las jaulas que hospedan animales de prueba.
Sherlock logra comunicarse con él por teléfono y calmado le pregunta qué está viendo. John le dice que sólo escucha los rugidos de la criatura, y pronto lo ve.
Segundos después Sherlock abre la jaula y “salva” a John, quien se encuentra traumatizado por la experiencia. Sherlock le dice que no vio nada, sólo engañó su cerebro con palabras que escuchó anteriormente referidas a la criatura, y le confiesa que han sido drogados para tener alucinaciones.

Sherlock decide investigar algunos elementos en el laboratorio, y la Doctora Stapleton le confiesa a John su error con el conejo de su hija, quien brilla gracias a la mutación con el gen de una medusa.

Sherlock confiesa a John que el azúcar de la casa de Henry y el pub pueden ser culpables de sus alucinaciones  pero no encuentra un narcótico que apruebe la teoría.
Le pide a la Doctora que abandone el lugar pues necesita ir a su palacio mental, y John la acompaña a salir, mientras Sherlock se sumerge en su deslumbrante mundo repleto de información, referencias, y aprendizaje que funciona mejor que una computadora.

“Liberty, Indiana, H.O.U.N.D.” es el resultado. El acrónimo que se traduce a “Sabueso” es la clave que
estaba buscando.

Henry continúa alucinando. Esta vez llegando lejos, y avergonzado de disparar su arma a la psiquiatra sin percatarse de la realidad, escapa con rumbo al valle.

La Doctora Stapleton ayuda a los investigadores a tratar de entrar a buscar información confidencial de los laboratorios de la base que concuerden con su teoría.
La oficina de los laboratorios traicionan el secreto, y con la deducción de Sherlock, gustos en lectura, política, música, logra conseguir la contraseña para develar sus secretos: El acrónimo H.O.U.N.D. cubre las primeras siglas de cada apellido involucrado en el asunto.

Una serie de información tras otra devela que el proyecto trata sobre una droga delirante con efectos que provoca a los individuos a imaginar sus más terribles miedos, hasta que quedan inmersos en la extrema locura. Proyecto que se destinaría como arma contra enemigos en guerra.
Frankland es el sospechoso, su retrato de joven científico en el proyecto hace comprender la locura de Henry y los años que ha estado drogándole para que llegue al estado en que se encuentra.

Louise, la psiquiatra de Henry se comunica con John, y junto a Sherlock parten a buscarle en medio de la noche y deciden encontrarse con Lestrade en el lugar de origen de los miedos de Henry.

Dispuesto a suicidarse, cansado de su traumática vida, Henry decide despedirse de su padre.
Los investigadores le encuentran y tratan de traerlo a la realidad. Sherlock le insiste que recuerde su niñez, a su padre, la pelea que vio. Le insiste que no vio una criatura, que confundió un par de palabras e imágenes con una pesadilla que alguien puso en su mente, para que no recordara el asesinato a su padre. Y cada vez que recordaba algo nuevo, era reseteado por quien no quería que su secreto se viera expuesto.

Sin embargo, la droga, que fue consumida por todos, hace que un perro que se hace presente en el lugar se vuelva gigantesco y todos menos Sherlock se espantan de miedo ante tal imagen.
Sherlock no siente miedo del perro, pero si alucina con Jim Moriarty, quien por un momento le hace dudar y arruinar toda su investigación. Pero no lo logra. Es el Doctor Frankland, presente en el lugar para asustar a Henry con su canino, y Sherlock comprende que la neblina del valle está intervenida con gases tóxicos que contienen la droga alucinógena.

Henry comprende que Frankland asesinó a su padre para que no hablara de su proyecto, y que estuvo veinte años enfermando su mente para que no recordara los hechos.
Sherlock se muestra feliz por resolver tal adrenalínico y confuso caso, cuando otro perro se hace presente y Frankland aprovecha de escapar, pero cae en su propia trampa, estallando sobre una mina explosiva que protege la base militar.

De vuelta al hostal, Sherlock le sirve desayuno a John, y conversan sobre el perro que había estado
deambulando en el valle, el cual la pareja dueña del pequeño hotel no pudieron poner a dormir.
John entiende también que Sherlock le encerró para experimentar con sus reacciones en el laboratorio y le insiste que su teoría sobre drogarse con el azúcar era una teoría errada.

Lejos, en Londres, Mycroft se encuentra soltando a nada más ni nada menos que Jim Moriarty, luego de comprender que sólo era un loco obsesionado con su hermano menor.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Sin título.

Difícil es juzgar las decisiones de intelectos elevados, sobre todo cuando la balanza afirma en un extremo el capricho, y en el otro la determinación. Ingredientes que rara vez contiene un mismo ser, y cuando sucede, nos encontramos con individuos que tienen el mundo a sus pies, y otros que con sus mismas manos acaban con sus vidas sin lograr probar un destino menos obscuro. De cualquier forma, ambos decidieron.

Y como aquí nos encontramos para hablar de ficción, y aunque este tipo de personalidades debería abundar el mágico mundo de las historias de TV, casualmente no sucede porque es difícil lograr tal precisión de una idea que generalmente se esconde sin acercarse a temas que podrían hacer tiritar a ciertos grupos. O de manera más directa, llegar a atreverse.
En este caso, los trabajos internos en la política, y la posible asexualidad del protagonista salen a relucir rompiendo la pared del tabú y asegurando una segunda temporada sombría, y emocionante.

A Scandal In Belgravia.

Sherlock no entiende por qué una entrada de un blog necesita un título. Francamente yo tampoco lo
entiendo, o es que es imposible encapsular una historia en una pequeña frase al comienzo de un post. Sobre todo después de probar el adiós con un par de miradas que se prepararon para explotar junto a tu mejor amigo y tu rival.
Pero “La vida continúa,” y así es como John enmarca una de las aventuras que vive junto al detective, luego de que Jim Moriarty decidiera que su muerte quedara para otro día que no estuviera tan atareado. Lo cual anula cualquier relevancia al impresionante final de temporada pasado, pero así es la televisión, y cualquier cliffhanger o jump the shark es bienvenido para mantenernos en suspenso.

Moriarty no es el único atareado, y eso Sherlock lo agradece, y aunque la mayoría de los casos que llegan a su puerta son, para él, muy aburridos, no puede negar que su querido Watson ha hecho un gran trabajo exponiendo su figura doméstica y brillante en su visitado blog, la cual llega a los medios y nos entrega la genial excusa para apreciar la famosa gorra del ícono. Detalle que llama mucho más la atención que enumerar su fanatismo por distintos tipos de cigarrillos. Algo de lo que uno no debiera bromear, porque Sherly se ofende y es capaz de no ayudar a Lestrade en medio de un análisis criminal.

Este voluble carácter no nos sorprende a estas alturas, y John parece consentir aquellos caprichos haciendo
el trabajo de Sherlock mientras él duerme y olvida por completo la presencia del visitante que trajo el nuevo caso a su hogar. Y como su comodidad está primero, John debe hacerse cargo de que la magia de la tecnología alcance su intelecto.
Ni aquel caso, ni la Reina de Inglaterra harán que Sherlock cambie sus sábanas por ropa cuando su ánimo no la necesita, y tal como se comporta en su casa, el Palacio de Buckingham es testigo de la infantil conducta hasta que Holmes mayor llega a escena y saca sus garras para aterrizar a su hermanito. Lo cuál es bastante irónico dado el caso de típicos políticos y gente con poder que juegan como niños pero se destruyen cuando su nuevo juguete les aburre.

El caso de Irene Adler trae consigo más de un efecto. Sirve para que Mycroft reluzca la escasa experiencia sexual de Sherlock en público, para obtener provecho y asilo político, para mantenerse con vida, y tambaleando entre la seguridad y la duda, para tratar de alcanzar el corazón del detective. Jugando con fuego, claro está, pues nada asegura a esta famosa dominatrix que sus aventuras junto a Sherlock terminen como ella las tenía planeadas.

Los escándalos de Adler están en mi memoria no por novelas, si no por las propias noticias del moderno día a día, y recordar de donde esta obvia “metáfora” se influenció para traspasarla a ficción es tarea fácil. Pero como no estoy gratis para farándula política, me quedo con el personaje; la única, Irene, quien es capaz de mucho, y aunque ni ella ni Sherlock quieran reconocerlo, logra incluso que se les mueva el piso a ambos.

La directa escasez de ropa en su primera reunión le deja claro a Sherlock que no es el único con
imaginación para los caprichos, y en un juego entre seducción, peligro de muerte con otros implicados, juegos ganados e intercambios de la figura dominante, Holmes y Adler se llevan equitativamente el mismo puntaje hacia su delicada moral. Pero yo pienso en quienes realmente se llevan el premio, y es que el coreográfico cuadro que se mezcla en ambientes, un calmante y las deducciones de la fémina logran una imagen tan poética que como espectadora me envuelve en el encanto de tal belleza, por lo que en un momento más lúcido, el galardón se lo entrego al grupo de trabajo de detrás de escena.

El transcurso de tiempo reducido en hermosas secuencias nos llevan hasta la Navidad, increíblemente celebrada junto a los pocos pero cada uno de los amigos de la pareja en el 221B, y el ánimo de Sherlock, más irritable que de costumbre se revela en innecesarias muestras de su inteligencia y deducción en contra de Lestrade, la actual pareja de John, y Molly, quien luego de avergonzar en frente de todos, a cuenta de su insensibilidad, le pide disculpas, para la sorpresa de Watson.

A Sherlock le esperan choques a sus sentimientos, y con la supuesta muerte de Adler, su comportamiento se
vuelve aún más extremo, escondiéndose casi completamente en la composición de música junto a su violín, guardando su habla, y tratando de adivinar la contraseña de la evidencia que Irene escondía como seguro en su móvil.
La poesía continúa con el lazo entre él y su hermano, sus dichos, las preocupaciones, que incluso cuando esconden conveniencias e intereses, no dejan de ser reales al enfrentar el sentimiento de alienación cuando se comparan con el resto de los humanos. Lo que por supuesto es soportado por la paciencia y entendimiento de Watson, quien se encarga de que el más joven de los Holmes no recurra a las drogas para apoyar su depresión.

Meses pasan.
Y el renacer de Adler llega punzante con sus directas acusaciones sobre qué tan cercanos son Sherlock y Watson, cuán interesado pueda estar el detective en ella, cuánto debería hacer ella para hacerlo caer en sus encantos, o si existe algún atisbo de inclinación sexual o amorosa en su vida.
Dudas y suposiciones que por supuesto no verán luz, y una de las tantas razones que vuelven a Holmes una criatura fascinante.

El gran secreto está por encima de todas estas implicaciones, y de todos los personajes, incluso de Mycroft y su influencia, o Moriarty y su trabajo de rata de los poderosos.

Con Mycroft resulta perverso entender que sea parte del gran circo que es la política. Tal vez porque se
llega a apreciar al personaje como uno de los cercanos, tal vez porque cualquier montaje de las potencias, en nuestra realidad, culminaría con miles de vidas de personas inocentes. Lo cual en esta obra, no ocurre. Pero resulta muy interesante que la cercanía con la que juega la historia en medio del corazón británico, tan popular, tan respetado, tan Real, se exponga a la franca muestra de trabajos terroristas internos que se ven forzados y forjados para esconder causas que podrían acabar con relaciones internacionales o escándalos mundiales que al parecer son mucho más importantes que las vidas humanas.
Y pese a que no sirva de mucho, considerando que las series de TV son puestas en nuestras narices como “entretenimiento superficial,” nunca está de más el tratar de clickear algunas mentes con un guión que bajo otras circunstancias, no alcanzaría tal aceptación para exponerse.

Hoy me encuentro sin título, y decir más sería manchar el romanticismo de uno de mis capítulos favoritos, el cual en una hora y media, pasa por temas que están tratados de manera exquisita.
Y sin encabezamiento se quedará Sherlock Holmes y lo que pase por su mente o corazón, pero para eso no necesita un nombre, porque sería romper con su delicioso misterio… Misterio que a él mismo le sorprende cuando es capaz de nombrar lo único de una persona, que le hace sonreír y fantasear, hasta llegar a salvar, y hacer lo impensable sin corromper la ilusión. Lo único que logró recibir un título por el propio detective: “La Mujer.”

martes, 23 de abril de 2013

El Gran Truco.

Al finalizar un día, gestos tan simples como preguntar cómo ha sido tu día, o qué hay de comer son recurrentes en un hogar que se comunica. El diario vivir doméstico puede que no sea tema relevante para un programa de televisión, pues el televidente se acomoda con la esperanza de disfrutar de la adrenalina de una escena de acción, de emocionarse con el drama, de ablandar su corazón con el reflejo del amor, de estrujar su mente con algún misterio, o de soltar carcajadas que terminen relajándote.

"Pero es el Sistema Solar!"
En el caso de Sherlock, aquellas pistas parecen mezclarse y no está de más mostrar cómo estos dos solitarios y peculiares hombres se comunican cuando los dos parecen frustrados.

La señora Hudson no pregunta si estos dos han tenido una pelea domestica por coincidencia, y lo que para el común de la gente puede ser un simple disgusto que tu compañero se enoje por que no le gusta lo que escribes de él en tu blog, para Sherlock y John es el detonante de un fin de conversación ya que disparar dentro del apartamento por aburrimiento o encontrar una cabeza humana en el refrigerador es sólo perturbador para los que miran hacia abajo el diario vivir.
Y si es aquel el caso, siempre podemos vernos expuestos con una explosión justo en frente del adorable departamento.

The Great Game.

El aburrimiento de Sherlock llega a su fin junto a una extraña advertencia en las oficinas de Lestrade, concentrándose en el peculiar investigador, gracias al blog de la discordia, que parece estar siendo leído por quien ya sospechamos.

Una serie de juegos amenazantes que tratan de probar la inteligencia de Sherlock, pone en alerta a la policía, mientras Mycroft Holmes insiste en necesitar la ayuda de su hermano en un caso, y Molly Hooper trata de hacer parir celos a Sherlock con su torpe novio que no tarda en flirtear con su compañero de laboratorio.

Obviamente el interés de Sherlock se queda con quien si lo provoca, y sus recuerdos de cuando era un precoz detective resuelven el primer caso fácilmente.
El nuevo truco se presenta inmediatamente y las palabras de la víctima hacen que Sherlock se sienta identificado con su fatal aburrimiento. Cuando resuelve las pistas, John se cuestiona lo mismo.
Y no tarda en hacerlo Lestrade cuando llega la tercera prueba, involucrando a una famosa  y querida presentadora de televisión.

John, por su parte, se hace cargo personalmente de investigar a los cercanos de la presentadora, mostrándose totalmente cómodo y confiado, incluso cuando sus sospechas no son las correctas.
Algo que no lo detiene para tratar de resolver el caso del mayor de los Holmes por su cuenta, pues Sherlock se muestra resistente a su petición, no por indiferencia, si no porque simplemente no desea verse envuelto ni
en política, ni mucho menos con su hermano.

Sherlock resuelve el caso de la farándula británica pero esta vez no logra salvar a la pobre anciana envuelta
en el cruel juego luego que ésta trata de describir a su secuestrador.
Sherlock parece indiferente a su muerte, ya que después de todo si resolvió el gran truco. Algo que molesta a John a sobre manera y seguramente se acuerda de sus tiempos en el supermercado peleando con la máquina registradora. Y no es exagerado recordarla considerando que el último caso nos junta con un Gollem y las estrellas, esto último algo que ha sido mencionado a Sherlock durante todo el episodio por su poco interés con el sistema solar y el universo.

El dúo se ve expuesto literalmente luchando contra un hombre extraordinariamente alto en un salón que muestra con detalle los planetas, en una coreografía acompañada con sonidos y ambiente que recuerda una escena sacada de alguna película de terror de los sesenta. Lo que a la vista resulta bastante placentero y gracioso.

Finalmente el caso es resuelto en una galería de arte, donde Sherlock se muestra insoportable, casi fanfarroneando mientras la vida de un niño está en peligro, y esta vez es Lestrade quien probablemente querría tener un recuerdo con alguna caja registradora para ser comparada con su detective favorito.
 
En la confesión de la involucrada, el nombre de Moriarty sale a la luz, y las llamadas con trucos macabros
cesan, por lo que Sherlock da tiempo a ayudar a John en la investigación de su hermano, y logran descifrar el asesinato de un hombre inocente que se ve entre la espada y la pared con asuntos políticos y su familia.

Ya alimentada, la mente de Sherlock se va a descansar por un momento, disfrutando plenamente la televisión fácil, y tomando en cuenta su ambiente doméstico, ofrece un amistoso gesto a su compañero, mencionando que hará las compras. Algo que toma a John de sorpresa y con una sonrisa se olvida de las máquinas.

Pero la mente de Sherlock no tarda en volver a ocuparse, de hecho, lo mas probable es que en ningún momento se detenga, y luego de que John salga a juntarse con su cita, Sherlock se apresura a tratar de comunicarse con su misterioso rival y espía.

Allí, en una piscina pública y tratando de presentar todas sus pruebas y pistas, que envuelven todos los trucos jugados e incluso el caso de Mycroft, Sherlock se lleva el susto de su vida, y vemos como en unos segundos, el miedo por la traición recaen en John Watson, quien aparece en el lugar.
Las dudas no tardan en desaparecer al tiempo que John revela el problema, abriendo su abrigo, Sherlock ve que su amigo se encuentra envuelto en explosivos.

Moriarty, o el “nuevo y torpe novio de Molly” da la cara y… yo… me paralizo… ante tal… insoportablemente fascinante criatura.

Es que los tipos carentes de miedo logran ese efecto, aún cuando resulta molesta esa personalidad que junta tanto genio e infantilismo al mismo tiempo. Oh, y no, esta vez
no hablo de Sherlock, aunque estos dos entes podrían pararse frente a frente y sólo su aspecto y unos pocos detalles los diferenciaría.
Detalles. Detalles del porte del mundo. Como la preocupación de Sherlock por su amigo Watson. Su vista nerviosa hacia él, y su doméstico “¿Cómo estás?”, esta vez en momentos críticos.
Y eso debilita el actuar, y ni el plan de John de tomar por sorpresa al asesino logra derribar el aún más grande plan de Moriarty, quien tiene a francotiradores encargados de su seguridad.

Entonces creo que es justo decir que Sherlock y John también podrían pararse frente a frente, y si veríamos miles de diferencias, menos una. Y es precisamente esa similitud la que los junta en un gran problema, pues Moriarty puede usarla para lo que desee.

Los sentimientos… gran arma de masivas proporciones cuando el objetivo es honesto.

Moriarty sigue jugando, vuelve y el detective y el doctor con tan sólo una mirada se muestran de acuerdo a morir juntos y terminar con el patético y brillante maratón de trucos.

Probablemente el final de temporada mas inesperado, cruel y adrenalínico que le puedan dar a nuestro doméstico momento de gusto por buena televisión.

martes, 9 de abril de 2013

Secretos.

 The Blind Banker
Episodio 2, Temporada 1.


John pelea con la máquina del supermercado como si ésta le respondiera en forma humana.
John ya está acostumbrado a Sherlock y le explica molesto la situación.
John le habla a Sherlock como si éste fuera una máquina.
John mira la habitación y se molesta porque hay un desorden en el orden.
John asume que Sherlock no hace nada más que leer o pensar todo el día.
John necesita un trabajo… y dinero.

Las cuatro paredes fueron testigos de una pelea de espadas y fuerza, y también pensaron que era sacado de un cuento de ladrones y tesoros, imaginado por el arrendatario que sólo piensa todo el día. Incluso cuando el arrendatario de las cuatro paredes fue el ganador,  y probablemente sólo su amigo calavera confió en su triunfo.

John no necesita saberlo. Tiene problemas de dinero, y piensa en tomar un aburrido trabajo. O un trabajo aburrido, el punto es que es una pérdida de tiempo, aunque ellos estarían perdidos sin dinero.

John no es Sherlock. No puede vivir del dinero de su hermano. No tiene un hermano encargado de un país, sólo tiene un compañero de casa que no le da gran importancia al dinero y la ecuación termina siendo inútil.

El dinero está en el banco.
La investigación parte en el banco.
El compañero de Universidad de Sherlock trabaja en el banco.
El compañero se llama Sebastian.
El televidente con experiencia previa se pregunta si es el mismo Sebastian de los libros.
El televidente entiende que no, pero no cierra una posibilidad al futuro.

Sherlock no necesita alardear de sus trabajos secretos, tampoco del tonto dinero.
John encuentra un trabajo simple, y tampoco alardea de su currículo.

Sherlock necesita inmediatez. Sherlock pone en su lugar al nuevo Detective que reemplaza a Lestrade.
John necesita sexo. John obtiene una cita y Sherlock la distrae con un grupo de secuestradores.

Varios individuos firmando con su vida sin leer la letra chica caen victimas de lo que cerraría un caso de crimen organizado enviado desde China, y para las autoridades y el bolsillo del dúo protagonista se cierra el capítulo, pero no terminaría de hacer total sentido en la mente de Sherlock Holmes. Tal vez por acercarse demasiado a los delincuentes, o ellos mismos correspondiendo a tal atención se encontraron con la suya! Después de todo, la villana huye… hasta que Moriarty finaliza el trabajo para proteger su propia identidad.

¿Porqué Moriarty insiste en rodear a Sherlock?
¿Qué quiere Moriarty?
¿Por qué Moriarty no envió una fotografía de Sherlock al grupo asiático para evitar confusiones?
¿Quién es Moriarty?

Sherlock no lo sabe. Pero al igual que Moriarty, sabe ocultar sus acciones para proteger,  la diferencia es que la finalidad de Sherlock no es protegerse a sí mismo. No, no. Sus cercanos tienen su lealtad y protección. Aunque él trate de convencernos que es un ser frio sin sentimientos. Y que no necesita la ayuda de nadie para resolver sus pasiones.

Sherlock entiende que John encontró la tienda que buscaba.
Sherlock observa la foto que John tomó para no perder un jeroglífico.
Sherlock recurre a un joven graffitero para guiar su investigación.
Sherlock alcanza una antigüedad para que no caiga al piso y se pierdan años de historia.
Sherlock entra a la morgue por que Molly lo consiente.
Sherlock logra develar la traducción que la cita de John le indica.

Después de todo, su amigo calavera no es el único testigo de sus secretos.


martes, 2 de abril de 2013

La Ciencia de la Manipulación.


Antes de comenzar a ver Sherlock, mi experiencia con el legado se resumía a los cuentos originales y series animadas, leídos y vistas en la infancia. Mi interés recaía en algunas investigaciones que me parecían fantásticas y divertidas, pero la personalidad y vicios del personaje en cuestión me parecían mucho más misteriosos que las misiones que a él le fascinaban.


Admiré y odié a personajes influenciados por Conan Doyle, pero aparte de la usual atracción por las creaciones británicas y la modernidad de esta versión, a partir ya de hace algunos años, no sabía en qué me aventuraría.

De manera similar a la novela, la serie de BBC comienza con A Study In Pink, enfocándose breve pero profundamente en la mente del Doctor John Watson mientras una pesadilla de sus tiempos en medio del caos de la guerra de Afganistán lo despierta en plena noche, y angustia al grado de sacarle sollozos, lo cual indica su cansancio por un tormento que vive a diario.

John es un tipo solitario, y el tiempo

sin ocupación aparente lo estanca en su trauma. Sin embargo, trata de seguir el consejo de su psicóloga y decide crear un blog, pero no parece convencido de la ayuda, y adelantándose a un diagnóstico, con algo de sarcasmo, indica un cliché de las anotaciones de la terapia, mostrando el primer signo relacionado a lo que el destino le tiene preparado.

Los casos a investigar se muestran uno a uno luego de la apertura, uniéndonos rápidamente a la obviedad de la situación por resolver. Y la aparición del misterioso protagonista se presenta de la manera más moderna en la que hemos visto al detective, luego de desmentir a la policía dejándolos en ridículo frente a la prensa con simples mensajes de texto a cada móvil, que nosotros podemos ver en medio de cada escena.

El casual encuentro de John con Mike Stamford, un antiguo compañero de entrenamiento médico, es el factor que lleva al Doctor al primer acercamiento con el protagonista. Serio, con claros episodios post-traumáticos y de ansiedad, pero sin disgusto a la nostalgia, Watson acepta amable un momento de conversación, en donde la casualidad nos guía a la aventura, y pronto conocemos su fachada dentro de una morgue de un laboratorio.
Detallista y caprichoso, Sherlock Holmes experimenta con un cadáver golpeándolo para determinar procesos de tiempo. Le acompaña Molly Hooper, patóloga encargada de la morgue, acostumbrada al actuar de Sherlock, pero muy tímida recibe lo que parece un adelantado flirteo, que culmina en un desaire sin presión.

El encuentro de Sherlock y John se lleva en el laboratorio, e instantáneamente Mike Stamford se torna el espectador, y casi de manera grotesca demuestra satisfacción por haber juntado al dúo.
Sherlock se muestra muy social en la primera impresión, y una se pregunta si acaso es así con todo mundo o realmente tiene decidido que John es su objetivo. Sobre todo porque en el futuro no vuelve a repetir esa efervescencia por otro individuo.

Sherlock nuevamente se adelanta y en un resumen fantástico se ofrece para compañero de vivienda, John sorprendido, no entiende por qué estas coincidencias se le siguen presentando en un solo día, y pronto Sherlock explica de manera asombrosa todas las respuestas.

Bajo la perspectiva de un solitario, la manera tan abrupta pero confiada de ofrecer una mano tiene usualmente dos límites: el rechazo inmediato, y la oportunidad a lo distinto o desconocido. La gente social se sorprende menos, pues lidia día a día con diferentes tipos de personas, y suele aceptar un conjunto diverso sin mayor sorpresa, compartiendo, a menos que le perturben, y así hacen la diferencia. En este caso vemos que la señal resulta reconfortante para John, incluso cuando no entiende bien qué sucede, pero no parece recordar alguna ley de desconfianza, la cual está anotada en el librito de notas de su psicóloga. Tal vez porque la afirmación del dolor de su rodilla le parece mucho más acertada viniendo de un perfecto desconocido que acaba de leer su vida con tan sólo observarlo, o porque su paranoia se limita a quien conoce sus datos  por medio de una terapia obligatoria.

Interesado, Watson acepta la invitación a conocer su posible nueva vivienda luego de una búsqueda de Holmes en internet, para que a su llegada, viera que el lugar ya estaba ocupado por él y su desorden. La Señora Hudson, propietaria, hace el primer comentario que da al atractivo innuendo homosexual -que podría ser visto como sub-texto, pero es mucho más directo para llamarle así- cuando ofrece la alternativa de su vecina y sus arrendatarios para justificar su aprobación de dos hombres solteros viviendo juntos. Lo cual recuerda mucho a la idea literaria original.

La real alegría en Sherlock aparece al recibir a Greg Lestrade, y John no tarda en entusiasmarse. Lo que puede llegar a ser infantil, pero demuestra el grado de pasión de Sherlock por sus intereses.
La explicación de cómo Sherlock logra deducir bajo un grado que puede parecer ordinario para muchos es la clave de la estructura en la serie, y sirve para jugar con quien presencia la historia, un papel original y creativo que atrae y te envuelve, similar a otras versiones, pero mucho más conectada a la interacción, sobre todo en tiempos tan inmediatos.

Al tratar de resolver la serie de casos, podemos ver la antipatía del resto de policías, posiblemente por envidia de su tino o inteligencia, y el hecho de que no esté educado oficialmente en el área, lo cual lo convierte en un ser incomparable. Sobre todo cuando el jefe de la policía demuestra no sólo necesidad hacia su habilidad, si no respeto por lo que logra, incluso cuando en momentos se encuentra entre la espada y la pared cuando debe seguir la ética policial, al tiempo de admirar las capacidades de Holmes.

Luego de una huída que tiene a todos acostumbrados, exceptuando a Watson, este es atraído de manera sospechosa por el archi-rival de Sherlock, su hermano Mycroft Holmes, quien sin dar su identidad recibe la frialdad del Doctor, quien se muestra totalmente desconfiado y protector de su particular compañero. Así es como al enfrentar al mayor de los Holmes, se ve directamente influenciado por su entrenamiento militar y esconde cualquier atisbo de nervios en el extraño encuentro.
Ese énfasis de protección hacia quien conoce en menos de un día, hace la diferencia con los demás, y es sorprendente cuando con gestos se pregunta cuánto tiempo lleva conociéndole. ¿Unas horas? Pero parece una vida.
Mycroft muestra de alguna forma el parecido con su hermano, al mencionar el desorden post traumático y
posible nostalgia de John hacia la guerra. Lo cual según él, responde a la adrenalina que le provoca la investigación, algo que siente instantáneamente al momento de acudir al llamado de Sherlock, sin olvidar buscar su arma.

Sherlock muestra signos de una vida mucho más solitaria que John, incluso despreciando lo social, bajándola a un estado de ordinariez. John, a su vez, aunque es solitario, demuestra admiración por las relaciones, no se sabe si ésta es realmente honesta o por sentirse obligado por el sistema a mostrarla de esa forma, pero sus respuestas son definitivamente voluntarias. Trata de enseñar a Sherlock la normalidad de tener novia/o, amigos o familiares, sin lograr atención.
El innuendo gay continúa, y es difícil no pensar de distinta forma cuando un conocido de Sherlock, dueño del restaurante elegido por él para observar su caso, le insinúa que John es su cita. Dentro de la conversación John busca conocer la orientación sexual de su compañero, pero esta vuelve a quedar abierta sin rumbo alguno, ya que Sherlock realmente no parece interesado.

Una persecución que Sherlock esperaba, muestra la genialidad de su orientación en las calles de Londres, y John se aventura sin bastón cuando la adrenalina es explotada.

Si me parecía algo inocente la censura de su vicio por los cigarrillos, Lestrade y compañía ahora se ven en medio del 221B buscando por drogas. John se sorprende de que Sherlock sea un adicto, y Sherlock insiste en que está limpio dando por evidencia sus parches de nicotina.
Todo esto parece una introducción hasta llegar al momento que en lo personal considero el más gracioso, en donde Sherlock tratando de pensar manda a callar a todos en su piso. 

A Holmes le agrada tener una audiencia a sus pies, y por eso demuestra asombro de sus propias conclusiones, pero en ocasiones ni siquiera las comparte, y esto lo entrega en evidencia al descubrir al asesino que le ha dado trabajo.

En un acercamiento personal, nota que la psicología del manipulador es atraer. 
El mismo Sherlock es un manipulador a nivel de un niño de cinco años con la inteligencia de un genio de todas las edades posibles. Entonces para ambos es un juego de ganar o ganar, perder no está en la ecuación cuando se apuesta por el placer de la lógica.

El asesino muestra el mismo nivel de superioridad de su cazador, así que no es de sorprenderse que el reflejo le resulte a Holmes bastante irritante.
Para el asesino, que una criatura como él le analice, es interesante. Pero ¿qué gana?
La manipulación como método de competencia no funciona cuando se insiste en comparar al otro contigo, no si ese ser no te admira, pero la atracción por descifrar el truco que llevó a cuatro personas a suicidarse no tiene precio por que el hecho de estar en lo correcto es impagable.

Lamentablemente para Sherlock no hubo una respuesta, gracias a la oportuna llegada de Watson y el reflejo de salvar a su nuevo amigo. Pero si se devela el nombre del histórico y muy real enemigo de Holmes, quien parece estar detrás de ésta y nuevas aventuras que el futuro le depara. 

S.OT.